Hay esmaltes y otras paradojicas sobstancias que sin ser afines se disgregan ante el menor analisis de materia, composicion, forma o tamaño. Los llevamos dentro y fuera y a veces subsistimos sin demasiadas opacidades. Pintamos nuestros jardines o los deglutimos bulimicamente sin edificar con pluma de arquitecto nuestro decadente paradigma. Y vamos como la zorra al parral